Cada 23 de junio se celebra el Día Internacional de la Mujer en Ingeniería, una fecha que invita no solo a reconocer los aportes de las ingenieras al desarrollo de nuestras sociedades, sino también a reflexionar sobre los desafíos que aún persisten para alcanzar una participación verdaderamente equitativa en esta profesión estratégica para el futuro.

La ingeniería es una disciplina clave para dar respuesta a los grandes desafíos de nuestro tiempo: la transformación productiva, la transición energética, la innovación tecnológica, la infraestructura sostenible y la mejora de la calidad de vida de las personas. En este contexto, la formación de más profesionales constituye una necesidad para el crecimiento y el desarrollo del país. Sin embargo, ese desafío cuantitativo debe ir acompañado de otro igualmente importante: la inclusión.

La variable de género continúa siendo una de las grandes deudas pendientes. En el Consejo Federal de Decanas y Decanos de Ingeniería (Confedi) hemos definido este tema como un eje prioritario de trabajo dentro de nuestro Plan Estratégico 2025-2030, con la convicción de que no puede haber una ingeniería plenamente desarrollada sin diversidad ni igualdad de oportunidades.

Los datos más recientes muestran que aún queda mucho camino por recorrer. En 2024, las mujeres representaron el 29,7% de las personas ingresantes a carreras de ingeniería y el 27,4% de quienes se graduaron. Se trata de cifras que evidencian una realidad persistente: la participación femenina todavía no logra superar el umbral del 30%, un techo que se mantiene prácticamente inalterable desde hace años.

Detrás de estos números existen múltiples factores. Persisten estereotipos culturales que asocian determinadas capacidades o intereses a los varones, limitando tempranamente las aspiraciones de muchas niñas y adolescentes. También subsisten barreras visibles e invisibles en los trayectos educativos y profesionales que dificultan la permanencia y el crecimiento de las mujeres en ámbitos históricamente masculinizados.

Al mismo tiempo, la participación femenina presenta marcadas diferencias según las especialidades. Durante 2024, la mayor presencia de mujeres se registró en Ingeniería en Alimentos, Ingeniería Ambiental e Ingeniería Biomédica. En contraste, las ingenierías vinculadas a la Informática y la Computación, así como Mecánica, Electromecánica, Electrónica y Eléctrica, continúan mostrando una significativa subrepresentación femenina. Estas disparidades reflejan que el desafío no es únicamente aumentar la participación general, sino también promover una distribución más equilibrada en todas las ramas de la ingeniería.

La diversidad aporta perspectivas, experiencias y formas de abordar los problemas que enriquecen la innovación y mejoran la calidad de las soluciones. Numerosos estudios internacionales han demostrado que los equipos diversos son más creativos, más eficientes y más capaces de responder a contextos complejos. Por eso, avanzar hacia una mayor participación de las mujeres en ingeniería no es solo una cuestión de justicia e igualdad: es también una condición para el desarrollo.

Con ese convencimiento, el Confedi impulsa desde hace años distintas iniciativas orientadas a reducir las brechas de género. Entre ellas, la capacitación para el fortalecimiento de las áreas de género de las facultades de ingeniería de todo el país y la consolidación de espacios institucionales que promuevan entornos académicos más inclusivos.

Asimismo, hemos desarrollado un Banco de Buenas Prácticas con Perspectiva de Género, una herramienta estratégica de recepción permanente que busca visibilizar, sistematizar y compartir acciones concretas destinadas a promover la equidad y a erradicar las violencias por motivos de género en el ámbito académico de las ingenierías. El intercambio de experiencias exitosas permite multiplicar aprendizajes y construir políticas más efectivas para toda la comunidad universitaria.

Este 23 de junio es una oportunidad para reconocer a las mujeres que eligieron la ingeniería, a quienes abrieron caminos en contextos muchas veces adversos y a las nuevas generaciones que hoy se preparan para liderar las transformaciones del futuro. Pero también debe ser una ocasión para renovar nuestro compromiso colectivo con una ingeniería más diversa, inclusiva y representativa de la sociedad a la que busca servir.

Porque cuando más mujeres eligen, estudian y ejercen la ingeniería, ganan las instituciones, gana el sistema productivo y gana el país.